domingo, 6 de octubre de 2013

Las Guitarras y Los Cintos de las Banderillas (año 1997) (1ª parte)


Ha llovido ya bastante desde que hice esta ruta que voy a contar. Una de las más espectaculares que habré hecho por las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. y una de la que me ha aportado de las mayores satisfacciones y no solo por los paisajes y espectaculares rincones que recorre, sino sobre todo por que era totalmente desconocida para mi. No tenía absolutamente ninguna referencia de alguien que se hubiese metido a hacer algo parecido.  La ideé, convencí a mi hermano para hacerla y allí que nos fuimos un fin de semana a finales de agosto del 97. Nos lanzamos totalmente a la aventura sin saber lo que íbamos a encontrar. 

Hasta ahora solo se lo he comentado a unos pocos, gente de confianza, que se que se maneja bien por la Sierra y que difícilmente se les hubiese ocurrido meterse por allí sin indicaciones. Pero recientemente varias personas me han preguntado por si conozco esa zona concreta, por los pasos que puede haber por ahí y si alguna vez he recorrido algo parecido. Solo la pasada semana tres personas diferentes me han preguntado por esto.

No se trata de que quiera mantener esa ruta en secreto, simplemente que, por un lado es una ruta  de gran dificultad y de bastante riesgo, pasos muy aéreos, grandes desniveles y sin puntos de agua intermedia, y que en determinadas condiciones, con la piedra húmeda, nieve o hielo, hacerla puede ser casi un suicidio. Pero sobre todo, no lo he publicado hasta ahora, pues como digo más arriba, lo que supuso más satisfacción para mi fue haberla descubierto sin tener ninguna referencia anterior de alguien que se hubiese metido por allí. Recorrer una ruta bonita siempre es un placer, pero descubrir rincones, pasos y caminos escondidos que no te los esperabas, me resulta aun más gratificante. Así recuerdo cuando descubrí las casas cueva del Tío Ratón en el año 84, El Cinto de las Higueras y el Tranco del Perro en el 89, años más tarde el Paso del Cuco, La repisa del Tranco de Lobo, o senderos, como el que remonta el Aguacebas Grande desde el Bardazoso... De ninguno de estos lugares sabía antes de su existencia. y fue realmente emocionante descubrirlos. Pensaba que si alguien lo recorría sin saber nada podría tener las mismas sensaciones. Pero, los que ahora me preguntan ya han oído algo, ya no puede ser lo mismo.  

En fin, han pasado 16 años, en los que solo he conocido a dos personas, que como mi hermano y yo, han hecho esta ruta o parte de ella sin que los llevaran.  Al igual que pasó con el Cinto de las Higueras o con la repisa del Tranco del Lobo, o más recientemente con Las Guitarras de las Banderillas no creo que pasen ya muchos meses más sin que haya reportajes en la red. O lo que ya me ha ocurrido en varias ocasiones, que alguien al que le has pasado información publique la ruta sin hacer una triste mención. Cuando pienso en este eterno dilema de si publicar o no, me viene a la memoria una cita de Mark Twain:  "Algunas personas pueden realizar todo tipo de actos heroicos, excepto uno: callar su felicidad ante los menos afortunados". Cuando haces una ruta de este tipo estás eufórico, quieres compartir tu alegría y tu proeza. Aunque en este caso, ni se trata de un acto heroico, ni los "menos afortunados" lo sean tanto. Puede que no tengan la fortuna de experimentar las sensaciones de descubrir ese lugar por su cuenta, pero quizás, lo más probable, sin haber tenido referencias, nunca se hubiesen aventurado. 

Bueno, 16 años más tarde aquí pongo un relato breve. Sin dar demasiados detalles para dejar un toque de incertidumbre a quien se anime a recorrerlo.

23 de Agosto de 1997,
Ya estaba acabando el verano, y aun no había hecho un pateo de categoría, de los de noche incluida, y como llevaba ya tiempo dándole la vuelta a este plan no quise retrasarlo más, pues si los días se acortan más o lleguen las tormentas de final de verano, sería ya demasiado tarde.

Empezamos a andar en el Molino del Aguamulas, no quisimos dejar el coche en los Bonales pues íbamos preparados para pasar una noche en la Sierra, en algún puno en los Cintos de las Banderillas. Subimos con la fresquita los 9 kilómetros de pista hasta la Fresnedilla, desvíandonos un poco antes para localizar las ruinas de la Casa Forestal del Quejigal.


En el cortijo de la Fresnedilla aun estaba en pie el Olmo de la entrada.
7 años más tarde ya estaba seco y caído.




Nos dirigimos al nacimiento del Aguamulas, había que aprovisionarse bien de agua, pues no sabíamos cuando volveríamos a encontrar.



Subiendo al nacimiento vimos lo que parecía indicios de una senda que se dirigía por donde pretendíamos ir, Efectivamente así era, aunque estaba muy perdida, y en muchos puntos imposible de seguir, pero poco a poco vamos avanzando, ganando cota y vistas sobre el Recó del Aguamula, La Fresnedilla y el Castellón de los Toros.




Seguimos subiendo hasta dar vista al amplio circo de El Hoyazo y los farallones de Las Banderillas





A partir de aquí, perdemos el camino, o lo que quedaba de el, pero vamos acercándonos ala base de los farallones, que se alzan imponentes. Esta zona no tiene nada que envidiar a Picos de Europa o los Dolomitas



Tras más de tres horas desde el Nacimiento del Aguamula nos hemos puesto en la base de los Tajos. La idea ahora es alcanzar esa repisa que tanto llama la atención desde lejos y ver hasta donde se puede continuar.








Veredillas de animales nos van guiando hacia los mejores pasos, o los únicos pasos que nos permiten bordear los barrancos que se abren entre los farallones y alcanzar una empinada rampa con incómoda pedrera por la que subir hasta el poyato, o la repisa.



Una vez arriba vemos que el poyato continúa aunque estrechándose progresivamente, hay que bajar y subir, pasando junto algunos Tejos de gran porte. Buscamos una posible escapada hacia abajo, pero el terreno es muy complicado, y tras salvar un escalón se abren otros. Son las 2 de la tarde y nos queda ya muy poca agua. Decidimos dejar las mochilas, y sin peso, que vamos más ligeros continuar por el poyato a ver que nos depara.







Hay momentos en que la repisa apenas tiene un metro de ancho, o menos, pues un bloque de piedra ocupa casi toda su anchura, pero vamos continuando y mirando hacia atrás, calculando cuanto podemos tardar desandando nuestros pasos.




Llegamos a un punto en que no hay paso aparente si no es por una brecha que se abre en la pared por la que hay que pasar agachado



Aquí dejo el relato, al menos, la primera parte. ¿Conseguimos pasar? ¿tuvimos que darnos la vuelta?, no lo cuento ahora por si alguien se anima a recorrerlo.  Lo haré en un tiempo, en una segunda parte. 

Días mas tarde, ya en casa leyendo "Narraciones de Caza Mayor en Cazorla" en uno de sus relatos leía:

... Eso fue lo que me paso a mí una vez con un montero, que íbamos cazando por encima de las Banderillas, por un sitio que va un poyo alante, y si se mira arriba hay un ciento de metros, y para abajo, el doble o más. Y andando, andando, por la cornisa esa se llega a un estrecho, que no hay más remedio que pasarlo, y hay que poner un pie en la losilla y pasar pegado a la pared; pero vamos, con todo el cuerpo al aire.      J. L. González-Ripoll. Narraciones de Caza Mayor en Cazorla



Para mi ha sido de las escapadas serranas que recuerdo con más satisfacción. Idearla y hacerla, pero aviso, es duro, difícil y con pasos muy aéreos.  Creo que es una ruta para hacerla en un grupo reducido, no más de 5 personas. Para no romper la magia de estos rincones. A parte de que hay mucha piedra suelta, y en grupos numerosos, hay peligro de que el paso de unos arroje piedras a otros.



3 comentarios:

  1. Hola Luis, espectacular, una ruta al Corazón de las Banderillas.

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    1. Espectacular Sí, ... por ahí tenemos un asunto pendiente

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  2. A ver esa 2ªparte que estoy deseando verlo.... Saludos y muy bonitas imagenes...

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