Enpezamos a andar desde la plataforma de Candelario, a 1850m de altura. Costó un poco llegar con el coche, pues había placas de hielo en la carretera y varios coches parados bloquando.
No se veía nada, pero comenzamos a andar. La idea inicial era haber subido al Canchal de la Ceja y bajar a dormir al refugio libre de Hoya Cuevas, pero en vista del panorama, decidimos ir derechos al refugio.
Una nieve muy traicionera, de cada tres pasos firmes había uno que te hundías hasta la rodilla.
Y mucho frío, el propio vaho enseguida se helaba y el pelo, las cejas, las pestañas se tornaban blancas como canas.
Guiados por el GPS, tomamos rumbo lo más directo al refugio, sin camino y sin ver más allá de 50 metros. De vez en cuando aparecían como fantasmas rocas heladas, zonas de mucha pendiente o llanos
Por fin la niebla se abre un poco y se divisa un valle, el refugio debe estar cerca, en línea recta, pero se interponen unos tajos que hay que rodear
Atravesando torrentes helados
Y otros donde el agua líquida se abre paso entre rocas cubiertas de hielo, lo que dificulta mucho cruzarlos
Por fin, aunque dos horas más tarde de lo previsto, llegamos al refugio.
Pero, para nuestra desilusión, por causa de las heladas, parte del techo se ha roto y ha cedido llenando de cascotes el interior del refugio. Tras un comité de crisis decidimos volver los más rápido posible al pueblo más cercano. Aun quedaban dos horas de luz, imposible volver por nuestros pasos, mejor bajar el valle y salir pronto de la nieve y ya veremos luego como recuperar los coches.
Así, vamos bajando el valle del Río Cuerpo de Hombre, pasando una zona muy delicada de piedras cubiertas de una fina capa de hielo invisible donde todos nos dimos unos cuantos resbalones.
Al cabo de hora y media, salimos de la niebla y nieve, aun queda bastante hasta la carretera, pero alcanzamos una pista donde ya de noche pudimos llegar a la carretera y a Candelario.

Vaya diita. Parecéis a Shakelton y sus hombres en la Antártida. Impresionante.
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