Pero la sierra seguía pareciéndome casi infinita. Las pocas veces que había conseguido llegar a la cuerda de las Banderillas o a las Empanadas, veía la vasta extensión de los Campos de Hernán Pelea, sabiendo que había más sierra al otro lado, desconocida para mi. Un desolado océano, laberinto de torcas, lapiaces y dolinas, que se interponía para alcanzar una sierra nueva.
En el verano del 91, entre otros viajes que hice, apenas había pateado por la sierra, y llegando los últimos días de septiembre, no quería enclaustrarme de nuevo en Madrid sin hacer una ruta de dos días en los que pudiera conocer rincones nuevos. Sabía de un autobús que recorría el extremo oriental de la Sierra. Que hacía la ruta Jaén-Benidorm pasando entre otros pueblos por Peal de Becerro, El Pozo, y Castril. Así, que dándole vueltas a la cabeza pensé en hacer una ruta andando desde Cotorríos a Castril, apoyándome en ese autobús y el correíllo. Pero lo malo de depender de autobús, es que vas con la exigencia de no perderlo, y la distancia para esa ruta me parecía demasiada para esa época del año en la que ya los días empezaban a ser más cortos que las noches.
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| Reproducción del mapa que llevaba (hoja 908 del SGE) marcando la ruta del primer día. |
Después de la feria de Cazorla, aun podía disponer unos días. Coincidía que había luna llena.
Total, que me planteé no dejarlo para otro año e intentar llevar a cabo la idea, aunque para eso tendría que andar de noche a la luz de la luna. Pero !donde mejor que en los Campos!. Isabel estaba dispuesta a acompañarme, así, el 24 de septiembre, hace ahora 21 años, madrugamos y a las 6 menos cuarto estábamos tomando el correíllo rumbo a Cotorríos.
Al llegar al poblado, aun no había amanecido, tomamos un café en el bar de Máximo en la esquina de la plaza, y ya despuntando el día comenzamos a andar por la pista del Aguarrocín. Quería llegar al Aguamulas pasando por el collado de las Tablas. Viendo un mapa eso parecía mucho más evidente que dar la vuelta por los Llanos de Arance y Los Bonales, y con seguridad debía de haber un camino serrano que volcara por allí. Tardé en encontrar el camino porque abandonamos tarde la pista y perdimos algo de altura. El auténtico camino, lo comprobaría meses más tarde, hace lo más lógico, que es tirar a buscar el collado de las tablas sin perder un metro de cota.
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| Casas de las Tablas al amanecer, del 24-sept-1991 |
Llegamos a la pista del Aguamulas y por ella caminamos hasta las juntas del Arroyo del Hombre, por donde nos desviamos a la izquierda. Quería volver a ver las viviendas-cueva que tanto me llamaron la atención cuando las descubrí por casualidad 5 años antes.
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| Arroyo del Hombre, Cortijo del Tío Ratón. (24-sept-1991) |
El tiempo también ha hecho mella en estas casas-cueva, comparando ahora una foto de entonces con otra más o menos reciente, se puede ver que han crecido romeros y parte del techo de una de las cuevas se ha desprendido.
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| Viviendas del Tío Ratón (sept-1991) |
| Viviendas del Tío Ratón (enero-2007) |
Continuamos hacia el arroyo de las Grajas, remontando por la vieja vereda que va a Huertos Nuevos y al Prao de la Peguera. Ese valle ya era desconocido para mi. Después de una parada para comer junto a las ruinas de Las Cabañas, quise acercarme a Los Centenares aunque para eso había que desviarse algo de la ruta. Siempre me ha fascinado ese conjunto tan pintoresco de casas apiñadas, y quise acercarme a fotografiar algunas.
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| Majada de las Grajas |
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| Cuevas de las Grajas |
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| Los Huertos Nuevos |
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| Los Centenares |
Gonzalo (q.e.p.d.) llevaba ya años viviendo solo allí. Charlé con el un rato y se ofreció a invitarme a un coñac en su casa. Por esa época era poca la gente que pasaba por allí y mucho menos alguien solo con lo que no tendría muchas oportunidades de ratos de charla. Isabel se había quedado esperándome en la fuente unos 500m antes de llegar a la aldea.
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| Casa en los Centeneres (sept-1991) |
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| la misma casa en enero de 2008 |
Retomamos la ruta subiendo por el Prao de la Peguera, Collado de los Frailes y La Hoya del Ortigal, para por fin entrar en los Campos. Recuerdo pasar por el Refugio del Campo del Espino. Parecía un buen sitio para hacer noche, pero estaba ya pillado, o esa impresión me dio, había una moto aparcada y un tío dentro del refugio. Además había que seguir andando para aprovechar las horas de luz. La etapa del día siguiente sería aun más larga y solo disponíamos de la mañana.
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| Hoya Albardía desde la senda que sube a la Hoya del Hortigal. |
Según el mapa que llevaba (las hoja 908y 929, del Ejército, escala 1:50.000), íbamos a cruzar todos los Campos por una pista, con lo que no debería tener mucha perdida, pero pasado el refugio ya no había pista alguna que continuara en la dirección que indicaba el mapa. Había rastros de un camino ganadero por donde seguimos. Pues por las curvas de nivel y el relieve de los calares que íbamos pasando, no cabía duda que tenía que ser por ahí.
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| Los Campos: entre La Hoya del Hortigal y el Campo del Espino |
Por ese camino poco marcado, llegamos a coronar el Calar de Camarillas por el paso de los Culeros. Durante todo el día había estado nublado con pocos rayos de sol que se colaban en alguna ocasión. Pero en aquel momento ya la cosa pintaba mal y se empezaron a oír algunos truenos no muy lejos y a caer unas gotas. !Una tormenta en los Campos de Hernán Pelea!, no es precisamente el sitio mejor para refugiarse. Afortunadamente vimos un pequeño chozo y allí fuimos sin dudarlo.Además hay una fuente cerca, Los Tornajos de los Culeros. Llegamos justo a tiempo para evitar una fuerte granizada. El chozo en cuestión no es más que un pequeño habitáculo de 3x2m con solo la mitad techada, pero nos vino de perlas para pasar allí la noche a resguardo de la lluvia y el granizo que golpeaba con fuerza la cubierta de chapa. Cubierta que apenas podía cubrir los sacos de dormir y acabamos con los pies mojados.
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| Vista de los Campos desde el Calar de Camarillas (sept-1991) |
| Una vista similar en abril de 2008. |
Ajusto a las 5 y media de la mañana el despertador. Había que arrancar muy pronto pues quedaba mucho camino por delante. Estábamos aun en el mapa 908 y había que salir de el y atravesar todo el 929 antes de llegar al pueblo de Castril que ni siquiera salía en ese mapa, pero imaginaba debía estar al sur muy cerca del límite de la hoja.
Suena el despertador, y recogemos todo sin perder mucho tiempo. Chispea un poco y hay niebla, nada de luna llena por ahora. Aun así, hay una ligera luminosidad, por lo que podemos andar. Procuro orientarme bien, y tomar alguna referencia. Aunque no existe la pista que marca el mapa por donde deberíamos haber llegado allí, si espero que al menos exista la que recorre toda la rambla del Borbotón y que también señala el mapa. Para llegar a ella deberemos bajar siguiendo el arroyo que parte de la fuente. Después de un rato que se me hace demasiado largo llegamos a una pista. parece que vamos bien. Ha parado de chispear, la tomamos a la derecha. A ratos se levanta algo la niebla y se filtran los rayos de luna. La sensación es difícil de describir, todo el paisaje de los campos bañado a la luz de la luna y caminando en la noche.
Pasamos por varios cruces pero mantenemos la dirección de la marcha, al rato empezamos a oír un murmullo de agua que a cada paso se hace más perceptible y al frente parece distinguirse algo como un murete. Resulta ser una fila enorme de tornajos, una cadena larguísima. Son los Tornajos de Don Fernando. No vienen en el mapa que llevamos, pero calculo que debemos estar en la cabecera de la rambla del Borbotón. Creo que vamos bien. Poco después un nuevo cruce y esta vez con una pista muy marcada. Este debe ser el camino principal de los Campos, de Rambla Seca a Don Domingo por el pino Galapán.
La niebla ha vuelto a meterse, y aunque ya empieza a clarear el día, no se ve a más de 50m. Hemos pasado el refugio de Cueva Humosa y hemos abandonado la pista hacia la derecha, creo que vamos bien, no estoy seguro. Se oyen unos ladridos pero no veo ningún cortijo. Calculo que debemos andar ya cerca del límite de provincias. Voy siguiendo un camino que parece llevar la dirección que debemos tomar. Al rato la niebla se abre un poco y veo el terreno que sube y baja, algo no termina de cuadrar, según el mapa si hemos entrado ya en la provincia de Granada debería ser todo bajar.
Confío en que no nos hayamos perdido, pero no las tengo todas conmigo. Después de algún kilómetro parece que llegamos a un cauce y tomo valle abajo por unas rodadas, la niebla se va levantando y empiezo a tomar referencias del relieve. Ahora si creo que vamos bien, debemos estar en la cabecera del barranco del Marfil. Cuando un par de kilómetros después, tras remontar una pequeña elevación encuentro las ruinas de un cortijo. Ya puedo constatar sobre el mapa donde me encuentro. Son las ruinas del cortijo de los Morales. Respiro tranquilo y hacemos una parada para desayunar. Llevábamos 4h andando y solo habíamos tomado agua.
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| Ruinas del Cortijo de los Morales |
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| Cortijo de Pino Julián |
No paramos mucho y continuamos, pues había que llegar a Castril de la Peña antes de las 2 de la tarde. Sobre esa hora pasaba el autobús. Teníamos poco más de 4h por delante y al menos los 16kms
que podía ver en el mapa 929, más los que hubiera después que esperaba fueran pocos.
Dudé un poco cuando vi que la pista terminaba, imaginaba estaba unida a la que recorría el valle de Castril tal como lo pintaba el mapa. Pero por otro lado disfruté mucho caminando por esa senda tan bonita y bien trazada. Llegamos a los cortijos de la Central. Por las prisas me resigné a dejar para otra ocasión el conocer el nacimiento de Castril pues no sabía lo que podría demorarnos remontar el río hasta encontrarlo. Años más tarde comprobaría que aquella vez pasamos muy cerca.
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| Valle del Castril desde La Asperilla |
La pista bajando el río se me hizo muy larga, veía que corría el tiempo y no se veían atisbos del pueblo. Ya estábamos saliendo de lo que figuraba en el mapa. Sobre las 12 y media pasó un coche y Pregunté cuanto quedaba para Castril, y cuando me dijo que unos 12kms, casi me da algo. Pero claro eso era por carretera, por atajo serían poco más de la mitad. El buen hombre nos indicó el viejo camino que debíamos tomar y efectivamente al cabo de poco más de una hora entrábamos por fin en Castril. Confirmamos el horario que pasaba el autobús que resultó ser a las 2 y media, con lo que dio tiempo a dar cuenta de unas cañas en tres bares antes de tomarlo para el viaje de vuelta a Peal.
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| Castril |


















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