domingo, 6 de noviembre de 2011

Triscando por la Peña del Halcón



Casi el centro de la Sierra de Cazorla, como un inexpugnable castillo roquero con sus almenas y farallones se alza la Peña del Halcón, guardando el Valle de Gualay y la Cerrá del Pintor. Sus riscas fueron de los últimos refugios de las cabra montes, cuando hace medio siglo, estuvieron casi a punto de extinción en La Sierra..

En algún mapa he visto llamarla "Picón de los halcones", pero prefiero el nombre de "Peña del Halcón", pues así es como la he oído nombrar siempre. O casi siempre, en un relato antiguo que leí en un viejo Anuario del Adelantamiento en los años 50, escrito por un forastero a raíz de su primera visita a La Sierra, la llamaba "Peña Alarcón", imagino que oír a un serrano con acento cerrado pronunciar "Peña del Halcón", debe sonar muy parecido a "Peña Alarcón", por eso supongo, sea un error al transcribirlo.

En el más conocido libro sobre la sierra: "Narrraciones de Caza Mayor en Cazorla", de J.L González Ripoll, también se nombra como "Peña del Halcón". Hay un capítulo que se desarrolla en este lugar. Copio aquí un fragmento:  "...y se conoce que no se han visto seguras allí y se han ido a la Peña del Halcón. Y es un sitio malo y difícil, como pocos de la sierra. Hay una cueva allí que le dicen la Cueva de las Monteses, que para meterse a registrar las lanchas aquellas hay que estar primero confesado y excomulgado. "

Ya había subido antes a lo alto de la peña por dos sitios. La primera vez, hace 18 años subí desde la misma fuerte del Borbotón remontando la inclinada vaguada que forma la ladera sur de la propia peña. La segunda vez fue desde la Horquilla del Sabinar, tras un complicado cresteo entre las lanchas aquellas. Sabía de otra subida, posiblemente la más usada que es subir directamente desde el Collado de los Pegueros y ganar la cresta por el un punto donde la pared se estrecha lo suficiente para posibilitar el paso. Nunca había pasado por esa ruta y lo tenía pendiente, pero como suponía iba a ser fácil dar con ese paso, pensé hacerlo de bajada y en esta ocasión subir por otro lado. Por el espolón norte. Y es que, la peña presenta una raspa afilada hacia al norte que como el filo de un cuchillo separa la Cañada del Halcón con la cabecera del Arroyo de los Habares. Pensé que quizás por ahí, entrelazando poyatos, también fuese posible ganar la cumbre.

Foto de la peña, tomada un año antes desde el Collado del Escaramujar, y croquis de la subida al pasar el ratón por encima 


La subida que hice fue ganar el espolón y remontar por una inclinada canal que hay a la izquierda. La canal se va estrechando progresivamente presentando tres escalones de roca que cortan el paso, se superan con trepadas y algún pasito bastante aéreo. Hay que estar acostumbrado a moverse por terrenos así y desde luego, no tener nada de vértigo.

Unas fotos y los pasos claves de la subida:

Así de otoñal estaba la zona de El Puente de las Herrerías, poco antes de las 8 de la mañana, me acerqué a la fuente a llenar agua. 


La Peña del Halcón desde el Arroyo de los Habares, ya está recibiendo los primeros rayos de sol.

Subo por la pista recientemente arreglada que va a Arroyo Amarillo. La abandono poco después de que la pista se aleja del Arroyo de los Haberes y tomo un jorro que sube haciendo zetas hacia la base del espolón.

Ya estoy en la base del espolón. La peña se alza imponente, destacando los arces amarillos encaramados en las diminutas repisas o grietas que albergan algo de tierra donde pueden agarrarse sus raíces. Una vez alcanzo el filo de la pared del espolón, tengo que desviarme hacia la izquierda para ir remontando la ladera.

Al poco de empezar a subir me encuentro el primer obstáculo. La primera pared. Un largo cinto de roca que bloquea la subida, pero se puede superar fácilmente por su extremo derecho, casi al borde ya del filo.

Aprovecho así para encaramarme a lo alto de la raspa del espolón, dando vistas al Arroyo de los Habares y a la Cañada del Halcón.  



Y mirando hacia la Peña:


Continúo subiendo buscando los mejores pasos

Hasta dar con el segundo obstáculo. Otra pared, pero esta vez más alta y sin posibilidad de rodeo

Conseguí superarla trepando por la izquierda, pero no es nada fácil, de hecho pensaba que no había ninguna necesidad de volver a subir eso otra vez. Entonces no sabía que pocas horas más tarde tendría que estar metido de nuevo en la misma faena.

Superada la trepada, una vista hacia el filo de La Mesa.

Y hacia el Poyo de las Piletas


Pero enseguida me encuentro el tercer obstáculo. Otra pared. Aparentemente había un paso fácil por la izquierda, pero no resulto ser tan fácil y hubo que hacer uso de algunas técnicas de trepada.

! Que bonita se veía la peña de los Tornillos !


Superado ese tercer escalón, se alcanza una ladera inclinada con pinos salgareños y ya no hay ningún paso complicado, pero si queda el más espectacular, una estrecha brecha que sirve de salida a cresta cimera.


Este paso me gustó especialmente. Había cargado con un trípode y lo saqué para retratarme, y así servir de referencia y dar idea en la foto de las dimensiones de esta brecha.


Al llegar arriba me sorprende el silbido de unas monteses. Ese pitido que pegan como voz de alarma, oí romper monte muy cerca pero no consigo verlas.
 
Tras pasar la brecha el panorama cambia completamente, se sale a la cresta cimera y a la cara sur. El terreno es muy suave y apenas quedan unos metros de desnivel para llegar a lo más alto.

 La bajada la hice por la ruta normal, la que aparece descrita en el libro de J.C. Gª Gallego. No tuve ninguna dificultad en encontrar el paso, además la ruta está marcada con hitos.

Y bajé hacia el Arroyo de los Habares. Los arces estaban preciosos.

Sin embargo, al llegar de nuevo a la base del espolón norte, y mirar en la mochila, me doy cuenta que no tengo el forro polar con el que empecé la excursión. Pienso que sólo puede haberse quedado o en la cumbre, o en la brecha, donde saqué el trípode de la mochila. Así que decido volver a subir repitiendo la ruta para buscarlo.

Ya conocía los pasos y subo más rápido, pero el segundo escalón intento pasarlo por otro lado buscando un paso menos complicado, aunque más aéreo. Sigue sin convencerme mucho. Sin embargo el tercero me resulta mucho más facil que la primera vez, ya sabía donde estaban los agarres y lo subo de un tirón.


Encontré el forro polar en lo más alto de la brecha, donde debí sacarlo para volver a guardar el trípode.
Esta vez si veo las cabras justo debajo de mí. Aunque apenas si me dio tiempo a sacarles una foto.


2 comentarios:

  1. Chula, original y con suspense...

    ¿Era de marca el polar? :-)

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  2. Chula, original y con suspense...
    ¿Era de marca el polar? :-)


    Bueno, marca quechua (Detactlon) y de los cutrecillos. ;-)
    Realmente fue más por seguir mis principios de no dejar nada en la sierra que por recuperarlo. Pues me temo que si no lo llego a recuperar habría permanecido allí años y años...

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