Y de esos, más de 1200 fueron con el mochilón a la espalda (incluyendo tienda piolet y crampones que no llegamos a usar nada de eso). No había nadie más y en el refugio pequeñito, de 4 plazas en literas cementadas, nos pudimos acomodar los 5 y el perro.
Al perro y a mi, por ser su dueño, nos tocó el suelo.
Vega Huerta me pareció un sitio culísimo, miraras a donde miraras unas vistas flipantes.
La pared de peña Santa al norte
Al este, el macizo Central, con Torre Cerredo dominando.
Al oeste Canto Cabronero y un mar de nubes
Vamos, ideal para disfrutar del atardecer
A la mañana siguiente, el único que madrugó fue el perro.
Aun así, al levantarnos y ver el panorama nos dió por acercarnos a ver la entrada de la vía de los Llambriales, la vía por donde se ascendió por primeravez a Peña Santa a finales del siglo XIX. Pero es una vía que hay que conocer, pues no es evidente una vez que estás allí empoyatado.
Llegamos hasta la cota 2300, donde nos dimos cuenta que nos habíamos salido de la vía. Mi perro que está hecho un escalador también subió. (sólo tuve que auparle en 2 o 3 pasitos)

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