sábado, 2 de abril de 2011

Por sendas olvidadas de la Sierra de los Filabres

El primer fin de semana de abril, que tenía planificado bajar a Granada, negocié permiso para una escapada serrana con noche incluida. (la escusa de tener que sacar de paseo al perro). Mi primera idea era haber ido a subir las cumbres de la Sierra de Baza, que apenas conozco, pero la previsión del Tiempo con ese viento solano y la calima que iba a reducir las vistas, iba a desmerecer mucho subir a una cumbre. Así que estuve pensando otra ruta por valles y barrancos y pensé en la Sierra de los Filabres.

Tan sólo había recorrido esa sierra una vez de norte a sur en bici, hacía ya 6 años, y había leído de valles y rincones muy chulos, de sendas perdidas y aldeas abandonadas. Concretamente un párrafo del libro de JC. Garcia Gallego me seducía muchísimo:

La aldea deshabitada de Los Canos, perdida en el barranco de Olapara, ni siquiera es reseñada en los mapas oficiales, a pesar de que llegó a sumar más de cien vecinos. El viejo caserío está tan colgado de la ladera que cuando los padres marchaban a trabajar, ataban a los críos a las puertas de las casas para evitar que cayeran al barranco.

Y además por el nombre de la aldea, imaginaba que hasta igual podía haber sido habitada por algún antepasado o pariente. Vamos, que quería ir allí. Así que el sábado muy temprano salí de Granada hacia Baza y la Sierra de los Filabres.



A las 9 y media estaba ya comenzando a andar, siguiendo las indicaciones de un paisano para evitar en lo posible la maleza y elegir el mejor camino.

La senda tiene tramos empedrados preciosos:



Atrás voy dejando el las casas de Aldeire (es otro Aldeire distinto de el del Zenete).


Una senda bien bonita


Y tras una curva al fondo debería estar ya las ruinas de Los Canos, pero son ruinas tan integradas en el paisaje que apenas se ven


Tirando de zoom.


Tras cruzar el arroyo la senda entra en la aldea,


Es como retroceder en el tiempo, o imaginarte que estás en algun lugar del Atlas o del Tibet.


La mayoría de las construcciones estaban ocultas y no se veían desde el camino de entrada, pero podía haber más de 50 casas


Al fondo, el barranco de Olapra por donde pienso continuar


Por otra encantadora senda arriera


Aunque la senda está muy perdida y hay muchos tramos que la maleza la ha ocultado


La flor de la rascavieja (Adenocarpus decorticans). Este arbusto se empeñaba en cubrir las senda y junto con las zarzas me llenaron de recuerdos piernas y brazos.


La senda llega hasta el río y durante un rato se camina entre huelgas de ribera


Hasta llegar a las juntas del barranco de Golapra con el de Las Casillas, un rincón idílico


Donde se levantan las ruinas de un viejo molino.


A partir de aquí, intento continuar remontando el barranco de las Casillas, pero a los 200m la senda se pierde, tengo que progresar dificilmente por una ladera en la solana subiendo y bajando multiples veces al arroyo para ir evitando los cortados que caen al cauce

Un grupo de ciervas me miran sorprendidas


El barranco se va abriendo entre almendros en flor.


Y tras más de una hora de fatigas, alcanzo por fin las primeras casas de la aldea abandonada de Las Casillas.


Continuara

2 comentarios:

  1. ¡¡Que lugares más bonitos y olvidados!!, mejor que sigan en el olvido a que sean descubiertos

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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